¿Mantener la “derrota de la FECh” o abocarse a reconstruir la organización estudiantil?

Estamos viviendo un contexto totalmente nuevo para las últimas generaciones, y no hablamos solamente de la pandemia, sino del estallido social que ya cumplirá un año, donde la legitimidad del sistema político chileno se puso en jaque y que hoy ese mismo sistema se arrastra para que el pueblo lo vuelva a validar. Habiendo vivido un escenario de lucha popular y ahora uno en donde la desigualdades sociales (siempre existentes) a los ojos de los medios se recrudecieron y multiplicaron, como alternativa política de la universidad no podemos no preguntarnos por el papel del estudiante en este escenario, y cómo no, también de sus organizaciones y movimientos. 

En los últimos tres años hemos vivido la caída abrupta de participación en las instancias resolutivas de la orgánica estudiantil, así como también de los organismos estudiantiles: CCEE o Concejos de Delegados los cuales no llegan a durar un año o no salen electos, donde vemos como el principal factor es la falta de estudiantes que quieran participar y hacerse cargo. ¿Cuáles son las causas de tales consecuencias? No es nuevo que traigamos a la palestra la forma en que las fuerzas políticas dirigentes de la universidad (Frente Amplio principalmente en los últimos años) han acarreado a la política estudiantil: masa de maniobra útil para el posicionamiento nacional, trampolín político para el parlamento, sin ninguna preocupación por mantener viva la orgánica de las carreras o de las bases organizadas para luchar. Así los espacios organizativos han quedado sin estructura universitaria, sin sintonía para avanzar juntos por todas las luchas legítimas que quieren levantar las y los estudiantes, generando que tanto la FECH como otros espacios locales de organización se conviertan en espacios inútiles (diluidos en mesas de trabajo institucionales por ejemplo) e ilegítimos para estas luchas. 

Si adoptamos una mirada más global, la política estudiantil de la universidad se ha transformado en un espejo de la política de las organizaciones nacionales. Estas responden y actúan cuando se debe llamar a votar y validar una vez al año, el resto de tiempo desaparece del mapa y la organización cotidiana queda relegada. Sumándole a esto, que dentro de la universidad la presencia, movilidad y legitimidad de las fuerzas políticas están casi extintas, fiel reflejo nacional, y sabemos que las razones que los estudiantes tienen son legítimas y no hay más claro ejemplo que las validaciones de las últimas dos elecciones de la FECh.

¿Qué representan las elecciones FECH 2020?

El año 2019 y 2020 se celebran las elecciones donde el quórum ya se alcanzaba a duras penas los años anteriores, el año pasado la elección no lo cumple, por lo que pasa a conformarse una mesa provisoria cuyo único propósito era la generación de una segunda instancia de elección durante un período máximo de 6 meses, proceso que nunca partió y la mesa provisoria electa con un 27% funcionó igual que todos los años: para el posicionamiento de dirigencias. Posterior a esta conformación ocurre el estallido, donde la FECh tiene ínfimo poder de convocatoria, organización y cohesión hacia la masa estudiantil que, si bien se levanta la casa FECh como punto médico siendo esto un espacio necesario en el contexto del Estallido, existe una diferencia política sustancial entre esto y promover y organizar a los estudiantes para el escenario de protesta y movilización popular, donde se prefiere mirar desde la vereda. 

Por este mismo contexto es que las elecciones se postergan para este año, las cuales se realizan de manera virtual y que acarrean todo lo anteriormente expuesto. El resultado de un 14% de participación termina de poner la lápida al modo de funcionar de la FECh, un cascarón vacío hacia el escenario nacional y un espacio ajeno para él y la estudiante.  Aún así las fuerzas políticas del FA, las JJCC y actores eleccionarios independientes quieren a toda costa validar una nueva “mesa interina” compuesta por las tres primeras mayorías, propuesta que no viene más que cavar aún más profundo la crisis de legitimidad de la orgánica estudiantil de la Chile. Las fuerzas que la han utilizado de palestra sin público en los últimos años se aferran por mantener su egoísta posición, escudándose en mantener “el único espacio” que queda y del cual nunca se preocuparon de mantener, y así también dan aún más razones a los estudiantes para rechazar a un espacio como este y sus integrantes. ¿Cómo sería entonces posibles recomponer una organización estudiantil para luchar si se siguen aferrando a una táctica sin frutos, a un espacio deslegitimado y a prácticas que no hacen más que aumentar la desconfianza y rechazo del estudiante de base? 

Cómo recomponer la organización estudiantil necesaria para luchar y vencer, y cuál es el papel de todos los y las estudiantes

Desde la misma postura por la cual decidimos no sumarnos a la disputa eleccionaria este año, es que creemos que la reconstrucción de la federación de estudiantes de la universidad, y sustancialmente, la organización de base en cada campus no pasará por procesos eleccionarios inválidos y sin participación, pasará por la reconstrucción de espacios útiles y legítimos para la luchas de sus estudiantes. La única forma de disputar a la indiferencia, al desgano y desconfianza es levantar proyectos colectivos populares que le den un propósito al estudiar en la universidad, que le den un propósito al futuro profesional y el contexto nacional actual no puede estar gritándonos más fuertemente esta necesidad.Para superar “la derrota de la FECh” no bastará con replantearse su estructura electoral o de funcionamiento interno, superar este reflujo dependerá de replantearnos para qué deben luchar las y los estudiantes, y para nuestra alternativa la respuesta es clara: las y los universitarios deben estar junto al pueblo, levantando la solidaridad popular en conjunto, aportando con sus conocimientos a las luchas y necesidades en la población, villa y campamento, porque todos tienen esa potencialidad. Esta es la única vía que tiene el estudiante para ser un protagonista de sus espacios orgánicos y le vea una utilidad a la articulación de estos, a la representatividad de estos, a los recursos de estos. Cuando se le da el papel protagónico, no coartado por agendas de dirigencias, no subsumido en las paredes institucionales de la universidad, cuando se construye un camino de lucha fuera de la burbuja de la universidad.

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