De octubre a octubre: hitos y lecciones para el movimiento popular

En octubre del 2019, el pueblo volvió a ser un actor político en la escena nacional y, aún sin dirección política clara y disperso organizativamente, logró golpear fuerte al modelo, abriendo nuevas posibilidades en la lucha chilena. Actualmente, el bloque dominante ha recuperado la ventaja y es necesario proyectar con claridad, y desde la vereda popular, los próximos meses.

1. Octubre 2019: El estallido popular, voluntad de lucha sin alternativa política

Las protestas por el alza en el pasaje del metro durante octubre del año pasado y que tuvieron como protagonistas a estudiantes secundarios, culminaron el viernes 18 con protestas en toda la ciudad de Santiago y la quema de 136 estaciones de metro. Así fue como se abrió una nueva fase en la lucha de clases chilena, donde se escucharon las demandas de un pueblo que ha sido explotado toda su vida. Durante varias semanas, la voluntad de lucha de la clase trabajadora hizo temblar los cimientos de un sistema político y económico que hasta hace algunos años se jactaba de su éxito. Comenzaron, rápidamente, a escucharse voces que abogaban por un “nuevo pacto social”.

2. Noviembre 2019: El encauce institucional y la reedición de la política de los acuerdos

Después de un mes de protestas que no bajaron su intensidad y donde todos los días hubo enfrentamientos con carabineros y militares, tanto en las avenidas principales como en las poblaciones, el bloque en el poder dio una respuesta cohesionada, desde la UDI hasta el Frente Amplio, cuyo consenso estratégico se tradujo en el pomposo “Acuerdo por la paz social y una nueva constitución” del 15 de noviembre. Esto ocurrió luego del paro nacional del 12 de noviembre, que tuvo como característica la recuperación de un nivel de radicalidad en la lucha callejera comparable con los primeros días de la revuelta. El acuerdo marca además las condiciones de lo que sería el Proceso Constituyente y la nueva agenda represiva del gobierno.

3. Diciembre – enero 2020: Baja en la intensidad de la protesta

Luego de este punto, la protesta disminuye su frecuencia y masividad en las poblaciones mientras la Alameda y Plaza Dignidad quedan como único escenario de lucha. A partir de allí, el centro de la discusión política se traslada desde los debates por múltiples temas articulados en la idea de “dignidad” hacia el Proceso que dará origen a la nueva constitución. A fines del 2019, si bien algo levantaron los secundarios con el movimiento No + PSU que convocó a protestas en la cercanías de algunos liceos, los poderosos lograron inclinar la cancha a su favor, donde el factor fundamental fue la cohesión en la defensa de la institucionalidad frente a la dispersión ideológica y vacío de dirección política del pueblo. Además, en este punto ya se hacía evidente la impunidad de la represión.

4. Marzo 2020: Reimpulso de la protesta y el brote de COVID19

Al principio, marzo estuvo marcado por protestas, nuevamente protagonizadas por estudiantes secundarios. En este escenario se discutía además la paridad de género, pueblos originarios e independientes en el proceso constituyente, donde sólo se aprueba el primer punto. La protesta se había comenzado a reactivar, aunque nuevamente concentrada en el centro de algunas ciudades.

Sin embargo, con la confirmación del primer caso de coronavirus en Chile, lo que en un par de semanas implicó la expansión de la pandemia, el cierre de escuelas, universidades y comercio primero en la Región Metropolitana y luego en otras regiones del país, dio un giro a la coyuntura.

5. Abril – mayo 2020: comienzo de la crisis sanitaria popular y administración de la pandemia

La primera medida del gobierno vino el 18 de marzo y el decreto de “estado de catástrofe” por 90 días que limitó el libre tránsito fue justificada para “ofrecer una mejor seguridad en los hospitales, proteger mejor la cadena logística de traslado de insumos médicos, facilitar el cuidado y el traslado de pacientes, personal médico y evacuación de personas”. Sin embargo, políticamente es un gesto de recuperación de la iniciativa del gobierno en materia de seguridad, que asegura los negocios del empresario y pretende mitigar nuevos focos de protesta popular.

Con el paso del mes de abril, comenzaron a proliferar los despidos en las empresas, el desempleo y el trabajo informal, condiciones que siempre subsisten en la clase trabajadora, pero profundizadas por el contexto. El punto de inflexión, luego de un periodo de crecimiento de estas condiciones, de los contagios y muertes en la población, tuvo lugar el 18 de mayo – tres días después del decreto de cuarentena total en la provincia de Santiago – con la protesta en la Población Nueva Imperial de la Comuna de El Bosque, donde se reclamaba la nula ayuda del municipio ante el hambre que ya se hacía sentir entre las y los vecinos.

Esta es la primera manifestación donde se saca la voz ante un problema que se venía viviendo en todas las poblaciones: la imposibilidad de realizar una cuarentena efectiva en un contexto de hambre y desempleo. También, fue el comienzo de la “política social” de Piñera quien, esa misma tarde, daba más detalles de la campaña “alimentos para chile” que implicaba la repartición de 2,5 millones de canastas familiares que incluían alimentos no perecibles y algunos artículos de limpieza. También, esto marcó el comienzo de la masificación de las ollas comunes que comenzaron a brotar en diferentes lugares de la ciudad como una respuesta a la situación de desesperación por la que pasa el pueblo.

6. Junio – Julio 2020: la política “de migajas” 

Tras el primer anuncio, la estrategia del gobierno fue el copamiento del debate político nacional mediante dos frentes: por un lado, el anuncio de la serie de medidas relacionadas a la ayuda social, entre las cuales se pueden mencionar el Ingreso Familiar de Emergencia, el Bono Covid-19 y el Bono Clase Media., y por otro lado, los falsos conflictos entre el gobierno y los municipios – ambos de la misma coalición – y entre los mismos alcaldes también de derecha, que tuvo su expresión más concreta en la hostigante aparición de estos en los distintos matinales, programas de televisión y en general, cualquier instancia televisiva.

El resultado fue la invisibilización (en los medios) de la cruda situación por la que estaba pasando el pueblo, que además de protestar semanalmente en varias ciudades – casos emblemáticos son las protestas en Rodelillo de Valparaíso y la protesta en Los Cerrillos de Santiago – tenían que sufrir con los contagios, el frío y el hambre, y además esperar las tardías ayudas del gobierno que, en la mayor parte de los casos, no eran asignadas debido a la extrema focalización y letra chica de las políticas sociales neoliberales, hecho que se tradujo en minuciosos requisitos para contar con estas, como el aumento en el puntaje de la ficha social de forma casi mágica, dando cuenta de una solapada política de ahorro de recursos de la clase dominante, cuyo interés fundamental es mantener su margen de ganancia producto de su sistema.

El emblema de la “discusión por arriba” fue el proyecto de retiro del 10% de los fondos de la AFP que tuvo un gran impacto mediático y que detonó algunas acciones de radicalidad en la protesta en los días previos a su votación. Esto marcó el final de la política social de Piñera con éxito ya que, por un lado, se celebró como una ganada el que nos devolvieran los mismos fondos que nos pertenecen – que venía acompañado del show hecho por la oposición – y, por otro, el gasto de estos fondos en los mismos centros comerciales administrados por los mismos capitalistas que sostienen el sistema chileno, haciendo circular nuevamente el capital hacia ellos.

7. Agosto – septiembre 2020: el paso a paso, el plebiscito y la situación actual. Las tareas del movimiento popular

La fase actual de la coyuntura ha estado marcada por el progresivo desconfinamiento a través del cese de las cuarentenas obligatorias en varias comunas del país. Junto con esta medida, los medios de comunicación, el gobierno y los distintos partidos políticos han dejado de hablar de la pandemia, los contagios y el desempleo, y han centrado el debate en el plebiscito que tendrá lugar el 25 del mes próximo. Se habla de los posibles candidatos de los partidos, el debate de los independientes en las elecciones y se ha reducido la discusión a “apruebo o rechazo” sobre todo en el vulgo de las redes sociales.

Sin embargo, la crisis sanitaria popular sigue presente en las poblaciones. El cese de las cuarentenas no trae consigo mágicamente empleo ni mayores réditos para el pueblo trabajador, sino por el contrario: el desempleo encuentra su cifra más alta en 10 años, los sueldos siguen bajando y se debe seguir pagando luz agua y gas, y también está latente la posibilidad de un segundo rebrote.

8. ¿Qué lecciones sacamos las y los revolucionarios?

Para todo aquel que apueste por la superación del actual modelo, las lecciones de este año, desde el estallido hasta la pandemia, han sido muchas.

1. El cuento que nos contaron durante décadas sobre un país exitoso venía en crisis hace rato y como pueblo lo evidenciamos primero en octubre 2019 con rabia y voluntad de lucha, que golpeó fuerte, aunque brevemente la estabilidad a la que se acostumbraron sus administradores. Luego en la pandemia, donde nadie ha podido hacer oídos sordos a la precariedad de nuestra vida y donde ninguna migaja ni promesa mitiga la necesidad de una nueva sociedad. 

2. Los sectores en el poder, al ver cuestionado su modelo, reaccionan rápidamente uniéndose y levantando un nuevo pacto, buscando repetir el éxito de la post dictadura. El acuerdo por la paz que ha asegurado una agenda represiva que avanza sin contrapeso en el parlamento, por justicia social que ha coordinado la entrega de recursos con tal de acallar los reclamos de la gente y por una nueva constitución que, en el camino, busca darle una nueva cara a la política tan alicaída.

3. A nosotros mismos, nos recordó lo irremplazable del protagonismo popular y la necesidad de ser muchos quienes se levanten tras una alternativa de sociedad. Las y los revolucionarios debemos estar al lado del pueblo aprendiendo y empujando los procesos de lucha y organización todos los días, estar realmente insertos en la masa.

4. Al mismo tiempo, nos recuerda elementos que ya deberíamos tener asumidos a estas alturas: la alternativa revolucionaria requiere organización, preparación y resguardo. Y con ello, la valentía necesaria para salir a golpear a aquellos que han condenado al pueblo a pagar los costos de una nueva crisis.

5. Finalmente, las y los revolucionarios debemos fortalecer nuestras claridades políticas e ideológicas, debemos hacernos fuertes en la batalla de las ideas para ser capaces de distinguir aquello que fortalece la alternativa popular de lo que la debilita, para no seguir delegando en la élite política los anhelos de transformación radical de esta sociedad injusta.

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