A 32 años del plebiscito del 88: No votar, a organizarnos y luchar por una nueva educación y sociedad

El 5 de octubre de 1988 el pueblo participó amplia y confiadamente en un plebiscito de salida a la dictadura, fruto de un pacto que permitió a Derecha y Concertación administrar y profundizar el modelo neoliberal chileno hasta nuestros días. Se consolidó además un modelo de educación de mercado, exitoso para los dueños de la educación y nefasto para los estudiantes y el necesario desarrollo de conocimiento.

Hoy a 32 años de ese engaño, se levante uno nuevo: el Proceso Constituyente, impuesto y delimitado por el acuerdo del 14 de noviembre de 2019 y que se nos disfraza hoy como “la oportunidad” para realizar los cambios profundos y radicales que Chile necesita. ¿Por qué no confiar ciegamente en este Proceso?

  1. El origen del Proceso Constituyente es un pacto entre quienes temieron perder el poder.
    • Hace un año, la rebeldía y audacia de los secundarios fue la chispa que encendió Chile y las protestas populares se extendieron por todo Chile: lejanas al institucionalismo, con un claro contenido de clase, donde la violencia popular puso a la defensiva a todo el sistema político. La reacción de los poderosos fue como siempre represión y contención.
    • El arcoíris político completo, desde el FA a la Derecha se enfocaron y unieron para recuperar el control político, dando origen al Pacto por la Paz y Nueva Constitución del 14 de Noviembre. El plebiscito de octubre solo es la cara amable de un camino que busca sobre todo relegitimarlos, pero que se vende como el fin al legado de la dictadura (el modelo que vienen administrando hace más de 30 años).
  1. Desde el Pacto de Noviembre el pueblo se ha visto sistemáticamente contenido y excluido de la política como fuerza deliberante.
    • Durante los meses de noviembre y diciembre comenzaron a operar las fuerzas políticas fuerzas políticas comenzaron a operar, primero aprovechando el escenario de asambleas y cabildos como una forma de apaciguar y canalizar supuestamente esas discusiones hacia un cambio del modelo. 
    • Luego, con el paso de los meses se consolidó una agenda legislativa que perfecciona la represión, con la emblemática Ley Antibarricadas respaldada por diversos personajes de Oposición. Durante la pandemia, las expresiones de protesta popular fueron reprimidas e invisibilizadas, mientras que las acciones de solidaridad muchas veces cooptadas.
    • Finalmente hoy, la campaña del Apruebo se vacía de contenido y cada vez más nos vemos convocados a votar como único mecanismo de participación “efectivo”, arrinconando a toda voz disidente por fuera del “Apruebo+CC”. 
    • El Proceso Constituyente se combinará además con una serie de elecciones durante los próximos dos años (Concejales, Alcaldes, Gobernadores, Presidenciales) y el debate político ya se redujo a convocarnos como Pueblo a votar y mirar desde la galería como otros reeditan la política de los acuerdos.
  2. Porque todo cabe en el Apruebo, se termina blanqueando a los administradores del modelo. 
    • Durante 30 años, ninguna reforma terminó con los pilares que sostienen y profundizan la precariedad de nuestro pueblo: el problema es el sistema (y no sólo el político). La retórica de “derechos sociales” tan amplia del Apruebo cabe en un modelo económico incuestionable y por eso hasta Luksic o la Editorial de La Tercera impulsan esa opción. Ya vimos, además, el desfile renovado de figuras de la Concertación en la franja matizado con figuras de la revuelta o incluso, personajes de la cultura pop nacional.
    • En el ámbito educativo, por ejemplo, el discurso del derecho social no alcanza: incluso si se asegurara constitucionalmente la educación superior como derecho social universal, en ningún caso esto eliminará la actual estructura educativa, porque nuestro sistema educativo es producto y está determinado por la lógica de mercado desde su forma de funcionamiento, su financiamiento, hasta la forma de estructuración académica e investigativa.
  3. ¿Podría ser entonces, un “primer paso” como muchos plantean?
    • Dado que no son pocas las voces del Apruebo que lo plantean “sin ilusiones” o como un primer paso “sin dejar las calles” cabe preguntarse por quiénes y cómo se redactará la Constitución. 
    • Vemos que aquellos que diseñaron y aún sostienen este modelo de mercado serán los mismos que en su mayoría redactarán la constitución. En la Convención Constituyente tendremos discutiendo nuestra educación a los herederos de los derechistas de la “Ley General de Universidades” del 81, y de la LOCE del 90; a los a los discípulos de los creadores de la ley de financiamiento compartido de Jorge Arrate hoy devenido en un oportunista “crítico del modelo”. También estarán los que crearon el Crédito con Aval del Estado, los concertacionistas que entregaron las expectativas de los universitarios al capital bancario; Los Bacheletistas de la LGE y los defensores de la falsa gratuidad y del perfeccionamiento del subsidio a la educación privada de la mano de la Ley de Inclusión. Incluso a los que dejaron pasar el AULA SEGURA y hoy se llenan de elogios para el secundario que saltó los torniquetes ¿Alguien puede creer que de acá emergerá como consenso el fin de la educación de mercado?
  4. ¿Pero no están hoy nuestros ex dirigentes estudiantiles? ¿No defenderán acaso los intereses del mundo popular?
    • Luego de un ciclo de posicionamiento mediático y saltos al Parlamento, el resultado de una política delegativa, desvinculada de la participación real de los estudiantes y la moderación sucesiva de las fuerzas que ocuparon la dirigencia (concentradas en el Frente Amplio y las JJ.CC.) derivó en una decadencia absoluta de las organizaciones estudiantiles universitarias.
    • Ya el 2019 no quedaba federación realmente en pie, y gran parte de las dirigencias se sumieron en la inacción tanto en Octubre como en la crisis sanitaria, cuando la estructura universitaria se redujo a traspasar la ya precaria academia a un formato virtual,  sin resguardo del proceso de enseñanza y sólo con el fin de mantener andando la economía de los planteles universitarios.
    • Las mismas fuerzas que profundizaron la desafección estudiantil llevando a la FECH a una crisis terminal, hoy nos llaman a votar, de nuevo, por ellos. Hablan de reforzar socialmente el proceso constituyente, del protagonismo ciudadano y de los movimientos sociales, pero su práctica concreta fue debilitar el protagonismo y la participación estudiantil. 
  5. Nuestra opción es no votar, organizarnos y luchar por una nueva educación y sociedad.
    • La posición “Apruebo+Convención Constitucional” aparece ya como una nueva versión del mal menor y se levanta así, incluso por algunas organizaciones que de igual forma llaman a votar. 
    • Entendemos también a aquellos/as que por una u otra razón, se sienten convocados en particular al Plebiscito. 
    • Sin embargo, nos sentimos obligados a plantear otra opción en un escenario donde cualquier disenso se encasilla sin mayor reflexión en el ya marginal (aunque inflado) rechazo.
    • Para nosotros, la única salida posible para instaurar un nuevo modelo universitario (así como en salud, pensiones, vivienda…) es la transformación profunda de la estructura económica y política, una revolución que ponga al pueblo del poder y sitúe a las universidades como pilares del desarrollo para la expansión del conocimiento, del bienestar colectivo y la justicia social. 
    • En estos tiempos donde la organización universitaria está pulverizada la tarea primordial es reconstruir una fuerza estudiantil y retomar la lucha en todos los niveles y espacios. Reconstruir centros de estudiantes y federaciones, ponerlas al servicio del pueblo estudiantil, articularse para luchar contra el mercado y por un conocimiento de calidad y con utilidad social. 

Finamente, hemos visto cómo en estos días la fiesta democrática parece no detenerse ante la impunidad del conjunto del Estado. Tal como el plebiscito del 88 dejó bajo la alfombra los crímenes y blindó a las FF.AA. con pactos de silencio, desde el 18O la injusticia se sostiene frente a los heridos, asesinados y presos de la revuelta.

El Plebiscito no es una alternativa más, no es una oportunidad de cambio y menos un impulso para la organización estudiantil y popular. Es el mecanismo que la elite político empresarial ha impulsado para retomar y consolidar un nuevo ciclo de estabilidad para su dominación, y por tanto para el desarme político y social de cualquier opción de cambio real.

La organización y lucha estudiantil no pueden ceder ante los llamados a la “paz social” y a una “nueva política de acuerdos”.

Por una nueva educación y sociedad, solo en el pueblo confiamos.

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