El pueblo irrumpe en la política pero sólo le ofrecen elecciones

Ocho son las votaciones definidas para el ciclo electoral 2020-22. Inicia el 25 de octubre con el Plebiscito que invita a elegir entre aprobar o rechazar la redacción de una nueva Constitución Política de la República, y el órgano que tendrá a cargo esta tarea, y finaliza durante el primer semestre de 2022 con el plebiscito de validación de la eventual nueva Carta Magna. Entre estos extremos se encuentran elecciones municipales (alcaldes y concejales), Gobernaciones Regionales, Senatorias, Diputaciones y Presidencia de Chile. 

Los partidos políticos institucionales, administradores del estado y gobierno se preparan para esta intensa agenda electoral. 

La derecha, que mantiene un conflicto intestino derivado del debate entre el sector que se ha definido por el “apruebo”, para el Plebiscito de octubre, y el grupo cada vez más marginado políticamente que defiende el “rechazo” camina hacia morigerar esta división. La cada vez más evidente y probablemente holgada victoria de la opción “apruebo”, lectura transversal entre los analistas, opinión pública y fuerzas políticas, demuestra lo histriónica que es esta discusión a pesar de la actitud contumaz que ha tomado la mayoría de la UDI en su afán de defender el legado de Pinochet y Guzmán como una entelequia. Una de las escenas elocuentes en este sentidofue la incorporación de Mario Desbordes y Andrés Allamand al gabinete ministerial, representantes de posiciones opuestas dentro de RN, movida con la que Piñera ha logrado contener, no sin altercados menores, la refriega que ambos mantenían en los medios de comunicación. 

La situación luego del plebiscito será de acuerdo total dentro de Chile Vamos. Esto les permitirá, muy posiblemente, superar la representación crítica de 1/3 de los 155 delegados que se necesita para contener cualquier propuesta de modificación mayor a la Constitución en la Convención Constitucional. Esto es presumible debido a que las reglas impuestas por el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución de noviembre 2019, aprobado de manera transversal por los partidos políticos institucionales, que determinó que los delegados constituyentes se elegirán bajo el mecanismo de elección de la Cámara de Diputados, órgano en el que la derecha cuenta con el 43% de sus escaños. Sumado a lo anterior, los partidos de Chile Vamos se encuentran ya sondeando nombres para las candidaturas a delegados constituyentes, para los que buscan un perfil joven, femenino, del mundo académico y de región según lo anunciado por la Fundación Jaime Guzmán, con lo que lograrán captar parte del esquema de liderazgo que normalmente agita el Frente Amplio. Por otra parte, la posición de liderazgo que Joaquín Lavín mantiene en las encuestas como principal y única carta competitiva de la derecha para el sillón presidencial, aún con su actitud apóstata y ladina, harán que más temprano que tarde la derecha se cuadre detrás de él para conseguir ganar un nuevo gobierno y con ello mantener el control del estado.

La Ex-Concertación se mueve en una pasarela de candidatos presidenciales donde ninguno logra sobrepasar el 2% de preferencias (según la última encuesta Criteria Research de septiembre). Carlos Montes (PS), Francisco Vidal (PPD), Heraldo Muñoz (PPD) y Ximena Rincón (DC) representan a la vieja guardia de la Concertación que gobernó el país durante cinco gobiernos luego de la Dictadura Militar y que han sido los consolidadores y profundizadores del Neoliberalismo chileno. Por otro lado, Alejandro Guillier (Ind) y Francisco Huenchumilla (DC) son figuras que pueden sacudirse parcialmente de esta responsabilidad debido a su identificación con el mundo independiente y mapuche respectivamente, sin embargo, adolecen de la capacidad de montarse en el escenario. Este sector que podría identificarse como centro o centro izquierda para el espectro político nacional se encuentra totalmente atomizado y adolece de un proyecto que logre reavivar su capacidad de acción luego del agotamiento del discurso de Transición a la Democracia , de dos gobiernos de derecha y de un proceso profundo de burocratización, pérdida amplia de base social y la instalación en el parlamento del Frente Amplio que les cierra la puerta por la izquierda. La centralidad que mantiene el sector en la búsqueda de un candidato presidencial competitivo es muestra de aquello. Finalmente, se ha anunciado que como candidatos a delegados constituyentes se manejan nombres como Camilo Escalona (PS), Gutemberg Martinez (DC), Carolina Tohá (PPD) lo que augura la resurrección de la porción de la clase política concertacionista que ha sido expulsada del gobierno y el parlamento gracias a las victorias recientes de la derecha tanto en el gobierno central como en diversas alcaldías con peso político. No obstante, en esta segunda parte con un vacío total de contenido o nada más que la mantención del orden económico actual del cual han sido sus administradores y perfeccionadores. 

El Frente Amplio se encuentra en entredicho. La incapacidad que ha tenido su nueva bancada para marcar una agenda política e instalar debates de fondo, sumado a sus constantes peleas internas e incapacidad para cohesionarse en el escenario han impedido que logren consolidarse como una fuerza política determinante. La base social del conglomerado es escasa y no ha logrado sobrepasar los límites de la juventud universitaria, sector en el que incluso han perdido influencia debido a la fuerte parlamentarización en la que han concentrado su política. RD que es el partido más grande e importante de la coalición es también el más moderado y dispuesto a pactar con los partidos neoliberales. Evidencia de esto es que Revolución Democrática es el partido con mayor cantidad de renuncias de militantes, más de 2000, luego del estallido popular de octubre de 2019. El lento y sostenido desgaste de la aprobación de Beatriz Sánchez como apuesta presidencial es un ejemplo más de la incapacidad del sector para interpretar las carencias del Chile popular. La inexistencia de una candidatura presidencial fuerte podría traerle grandes costos al conglomerado ya que cuenta con 5 diputados con menos de un 5% de votos y 2 con solo un 1% de votación, escaños que podrían perderse de no contar con un candidato presidencial que los impulse. 

El Partido Comunista es la fuerza política institucional más estable en el escenario. Su posición oportunista, inicialmente crítica con el acuerdo constituyente y luego con una participación ofensiva en el mismo a favor del “apruebo” y con la consigna “Chile Digno”, si bien le ha traído críticas de otros sectores políticos le ha permitido alejarse de un acuerdo cupular que en nada favorece la posición del pueblo trabajador pero al mismo tiempo acercarse a la juventud universitaria que se está sumando al mismo. Por otra parte, un trabajo parlamentario impulsado por figuras legitimadas como Camila Vallejo con proyectos como “las 40 horas”, de identificación con la masa trabajadora, y la gestión de Daniel Jadue en la Municipalidad de Recoleta le han permitido encumbrar a este último a la cima de las encuestas presidenciales. Jadue con una retórica dura contra Sebastián Piñera y clara al mismo tiempo ha logrado sustraer parte importante de la masa electoral que apoyaba a Beatriz Sánchez en años anteriores debido también a la laxa inserción del Frente Amplio en ella, por lo que parte de este apoyo ha migrado hacia el Partido Comunista. 

Nunca antes en la historia moderna del país habían existido tanto candidatos y candidatas a las elecciones presidenciales y es de suponer que este fenómeno se exprese también en el resto de la agenda electoral presupuestada para el período 2020-22. La política ha vuelto a ponerse sobre la mesa y está más presente que nunca en la sobremesa familiar, en las conversaciones cotidianas e incluso en la televisión, a pesar de lo limitado del debate que se ha dado en los medios de comunicación. Sin embargo, el pueblo chileno debe recordar que la clase política nunca ha estado de su lado ni menos representa a la inmensa masa de trabajadores y trabajadoras chilenas que lucha día a día por sobreponerse a la crisis. Más bien el pueblo ha sido relegado nuevamente a la galería, como meros espectadores de la “gran política” y sus procesos, hoy representados en el proceso constituyente y la agenda electoral. Aún cuando estemos convocados a votar en ocho elecciones en menos de dos años esto no es más que un hecho puntual en esta “democracia representativa”, en la que son otros los que interpretan una raya en un voto cuyas opciones han sido definidas previamente y de manera conveniente por quienes ejercen el poder. 

Este nuevo itinerario de la “democracia chilena” responde a una intención orquestada de copar el escenario de política, como una manera de buscar salvar la ilegitimidad del sistema político institucional, y con ellos a los políticos de los partidos que lo conducen, al que la inmensa mayoría del país se le opuso con fuerza durante la revuelta popular de octubre. Hay quienes han optado por ingresar a esta maquinaria para “transformarla desde dentro”. Han errado. Quienes han entrado a revertirlo no han logrado transformarlo y se han sumado a la estrepitosa degeneración de los partidos políticos institucionales y las instituciones de gobierno y estado. 

La política vuelve a ser la protagonista del escenario. El desarrollo del Capitalismo Neoliberal en Chile estuvo marcado por un fuerte proceso de dominación ideológica determinado por la capacidad de consumo, endeudamiento y el rol de los medios de comunicación. A contrapelo de esto, la dominación que ejercía el estado y sus instituciones se deterioró al punto de alcanzar niveles de irrelevancia. Durante la irrupción popular en octubre de 2019 la ilegitimidad del estado era tan profunda que sus herramientas no fueron capaces de contener la fuerza del pueblo en las calles de todo Chile. Desde el acuerdo “por la Paz y la nueva Constitución” ha comenzado la operación para reconstruir la legitimidad y con ello la capacidad de contención del estado de la irrupción popular. El copamiento del escenario nacional de elecciones, en contradicción con un debate profundo de proyectos políticos y visiones sobre el país en el cual el pueblo sea protagonista, es una de las caras de la contraofensiva de la clase política. Sin embargo, no quedará en nada más que una nueva intención, otra vez fracasada, se reconstruir la política en el Neoliberalismo Chileno. 

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