¿Chile cuenta con su universidad?

El “triunfo” de las clases en línea, la pandemia y el rector Vivaldi.

Chile cuenta con su Universidad… Con esta declaración la Universidad de Chile comenzaba el mes de mayo del 2020 en medio de la primera ola de Covid-19 en nuestro país. 

La triple crisis, sanitaria, política y económica, que estamos viviendo como sociedad supone un desafío para la institución universitaria más antigua, tradicional y de excelencia de nuestro país: la Universidad de Chile, o al menos de esa manera se posiciona en la opinión pública y los medios de comunicación. La Universidad ha reducido su rol a niveles bajos de impacto e injerencia en la realidad nacional y la rectoría dirigida por el médico Ennio Vivaldi ha hecho un esfuerzo por mantenerse en la opinión pública. La situación nacional requiere de una transformación radical de la educación estatal pública para que esta tenga la capacidad concreta de impactar en los destinos del país y su población. 

Frente a la pandemia, a nivel interno, la universidad hizo un esfuerzo, como la mayoría del sistema de educación superior, por traspasar toda la docencia a un sistema virtual obligatorio y a cualquier costo. Tras un año, no se ha hecho un balance respecto a si esto fue exitoso en lo importante: el aprendizaje y la formación profesional. Esta intentona ha profundizado la desigualdad educativa, empujando a las y los estudiantes más pobres fuera del sistema, aumentando la deserción y profundizando la segregación en la educación superior, sobreprecarizando el ejercicio educativo.

El esfuerzo de la Casa de Bello por mantener la universidad andando y con ello el financiamiento que esto supone -Recordemos que los aranceles no se han rebajado, muy por el contrario han aumentado un 3,5% para el 2021 (arancel regulado)- contrasta completamente con el rol que la Universidad de Chile ha tenido frente a la crisis. Múltiples voces estudiantiles se han levantado, hasta ahora de manera dispersa y desorganizada, denunciando la falta de realidad de estos cobros, considerando que existen aranceles que se alzan por sobre los seis millones de pesos (Medicina), en la principal institución de educación estatal del país, durante la peor crisis económica de las últimas década, que ha afectado de manera generalizada a las familias populares y la población chilena transversalmente.

Durante plena crisis de ventiladores mecánicos el año pasado, la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas prometió el diseño y fabricación de estos para paliar la agresiva competencia internacional que existía por obtener estos artefactos. Por otro lado, la Universidad de Chile cooperó con el reclutamiento de más de 1000 voluntarios para realizar la tan adeudada trazabilidad de posibles contagios de Covid-19 frente a un caso positivo durante el año pasado, sin embargo, continúa siendo uno de los principales problemas sin resolver en el contexto de la crisis sanitaria nacional. Recientemente se ha abierto un nuevo llamado, sin embargo, la problemática se ha acrecentado durante la cruda segunda ola de contagios que estamos viviendo.

La Facultad de Medicina participó en el estudio y testeo en fase 3 de las vacunas de la farmacéutica Janssen, de Johnson & Johnson, junto al prototipo desarrollado por la Universidad de Oxford y el laboratorio AstraZeneca. Para esto lograron reclutar a 1200 personas. Un hecho relevante si se tiene en consideración la importancia de la vacunación para el combate de la pandemia. En este sentido, el rector Ennio Vivaldi ha anunciado el proyecto de realizar, en plazo indefinido, un centro productor de vacunas en Laguna Carén -lo que existía en Chile hasta el 2002 y que fue cerrado debido al menor costo de comprarlas en el extranjero-. 

No es nuestra intención forzar la crítica al aporte de la Universidad de Chile. No obstante, el impacto y la autonomía que esta ha tenido en el combate de la crisis todavía es acotado. Sobretodo si se compara a la relevancia del rector Sánchez, de la Universidad Católica, en la gestión e importación de la vacuna del laboratorio Sinovac Biotech, la que se ha inoculado a más del 90% de las personas vacunadas en Chile o el potencial aporte que ha hecho la Universidad Austral, al descubrir la efectividad y producir anticuerpos de Alpaca para el Covid-19. Los que se estima presentan mejor efectividad frente a las nuevas y agresivas cepas. 

¿Chile cuenta con su Universidad? Las instituciones universitarias públicas son el núcleo de producción de conocimiento para abordar y resolver los problemas que aquejan a una sociedad. El Capitalismo neoliberal las ha empujado a la precariedad y marginado, de esta manera, el imprescindible aporte que pueden realizar para toda la población. No basta con el posicionamiento mediático para mantener la legitimidad de la Universidad de Chile en alto cuando a nivel institucional su aporte ha sido reducido o dependiente de iniciativas académicas particulares. Si se tiene en cuenta el tremendo potencial humano que existe dentro de esta institución, vale preguntarse: ¿Cuántos espacios e infraestructura se ha dispuesto para el combate de la pandemia? Los edificios siguen vacíos (distinto es el caso de la Facultad de Medicina). ¿Cuántos espacios voluntarios ha organizado y financiado la universidad para movilizar una fuerza que trabaje activamente para resolver las problemáticas derivadas de la pandemia? ¿Cuál ha sido su resultado? ¿Cuál es la opinión experta de la Universidad de Chile en la gestión de la pandemia? ¿Cómo ha dirigido los rumbos de la administración estatal para evitar o paliar el desastre que estamos viviendo? Preguntas como estas se siguen abriendo. 

La Universidad de Chile, como el resto de las instituciones estatales de educación superior, pertenece al pueblo de Chile. Las necesidades derivadas de la crisis sanitaria y económica que atravesamos requieren más y mejor ciencia y mayores recursos para resolver la grave situación en la que se encuentra la población. El alcance que los desarrollos que las instituciones privadas pueden hacer siempre estará acotado, por su naturaleza, en el carácter privado y mercantil de estas universidades. Por el contrario, el potencial de las instituciones estatales, por el rol inherente que significa que la propiedad sea social, tienen la responsabilidad de trabajar, sin limitaciones, por la solución de las problemáticas sociales.

La Universidad será la responsable, en el plano técnico, de la victoria o no en el combate de la pandemia y de la capacidad que tengamos como país de actuar de manera independiente y a ritmo propio de la situación mundial. Por otra parte, deben ser las universidades del estado, ante la ausencia de un gobierno popular, las que deben indicar cuáles son las prioridades que se deben abordar en términos de la situación de vida del pueblo y trabajar de manera planificada para aportar en la resolución de estas problemáticas. 

El pobre devenir en el que se encuentra la educación pública, luego de más de un año de educación virtual se expresa también en la deuda que tiene la Universidad de Chile con el país. El escenario actual dentro de la Casa de Bello es de conformidad con la virtualidad obligatoria de las clases sin medir el impacto que esto tendrá para la formación de las y los futuros profesionales del país. Espacios, infraestructura y recursos sin utilizar. Un aporte acotado contra el combate de la pandemia y una presencia mediática que no responde a la realidad interna de la universidad.

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