Elecciones 2021 parte 1: Nuestras fuerzas y esperanzas no caben en sus urnas

El proceso constituyente que fue abierto luego del acuerdo del 15-N en 2019, en medio de la revuelta popular, acaba de culminar su segundo gran hito: las elecciones de convencionales. Este proceso fue impulsado gracias al consenso de todas las fuerzas del bloque en el poder, desde la UDI hasta el Partido Comunista, pasando por el Frente Amplio y la DC, sin mencionar otros.

La estrategia en juego – vale la pena recordarla – fue contener la revuelta popular desatada el 18-O del 2019, encausando institucionalmente el conflicto y prometiendo al pueblo un nuevo Chile, sin neoliberalismo y con derechos sociales amparados por la nueva carta magna. Sin embargo, la verdadera intención era la relegitimación del marco político-institucional que legaliza el capitalismo chileno y con ello la explotación de nuestro pueblo.

Con el hito del plebiscito, que si bien no contó con la participación que se esperaba (superando en apenas 1.2% la participación donde salió Piñera con un 49 %), se pudo ver de todas formas que cierta porción del pueblo depositó su fe en lo que puede ser una nueva constitución. Sin embargo, poco a poco el proceso se fue degradando y en la última semana, fue común en los convencidos del apruebo la desinformación sobre quién votar y la petición a última hora de candidatos por distrito, lo cual pudo verse sobre todo en RRSS.

La participación de los sectores populares que hasta el momento no supera el 20% en sus comunas y la respuesta del sector progresista “republicanista” a criticarlo frente a su “desinterés”, “ignorancia” o “flojera” (y una pila de descalificativos propio del chantaje emocional por RRSS) muestra por una parte como esta forma de hacer política y “cambiar Chile” está completamente invalidada para los sectores populares, quienes al mismo tiempo reconocen que este fue un proceso instalado “por arriba” y “por los mismos de siempre”.

Además, el contraste en los porcentajes de votantes entre las comunas acomodadas y marginales sólo da cuenta que la izquierda cómplice, encabezada por el Frente Amplio, no es capaz de convocar al pueblo a la elección, fundamentalmente por el hecho que su proyecto político tiene un nulo anclaje en las masas populares. Por el contrario, su único anclaje es en una juventud universitaria acomodada y profesionales de clase media.

A pesar de todo esto, distintas voluntades en las poblaciones – sobre todo jóvenes – fueron confluyendo en grupos con intención de recomponer la organización popular. Algunas, se sumaron con esperanza al proceso constitucional y han podido constatar sus trabas y trampas, además de la desventaja que tenemos cuando jugamos en la cancha del enemigo.

En todos los procesos de movilizaciones grandes que ha pasado Chile en las últimas décadas, emergieron franjas de personajes que luego fueron constituyendo actores políticos bien definidos. En el 2006, los dirigentes de la “revolución Pingüina”, constituyeron el actor de estudiantes secundarios y luego varios de sus dirigentes terminaron siendo diputados y teniendo algún cargo institucional. El 2011 y hasta el 2016, se consolidó como un actor del movimiento estudiantil universitario, constituyendo una nueva camada de dirigencias comunistas y al conglomerado del Frente Amplio, que disputaron incluso una elección presidencial.

La particularidad de la revuelta popular del 18 de octubre fue la irrupción del pueblo en el escenario nacional después de tres décadas y la demostración de su poder, logrando lo que todos los demás movimientos no alcanzaron en meses de movilización: dejar en jaque al modelo al cabo de una semana, impulsar a las masas populares a la protesta y el cuestionamiento radical de la sociedad injusta en la que vivimos. Ahora, una nueva franja de organizaciones populares, con distintos grados de avance organizativo e ideológico se constituye, y es nuestra tarea aportar la catalización de este proceso.

En este punto habrá quienes plantean que, si bien la constitución en sí misma no cambia nada, la convención constitucional es un órgano para la acumulación de fuerza y fortalecimiento de estas organizaciones. Además, se podría plantear que el proceso en su totalidad puede servir para que el pueblo delibere en torno a cosas fundamentales, como quiere vivir, qué derechos quiere tener, etc., desarrollando una “crecida de conciencia”. Nada más alejado de la realidad. El carácter tecnocrático y abstracto de la discusión – copado por diversos expertos constituyentes – donde además se excluye toda acción y organización, solo aporta a la dispersión política e ideológica, excluyendo además a la inmensa mayoría que no tiene formación especializada en ciencias jurídicas y legales. Esto solo reproducirá la pasividad del pueblo ante la política real, que tiene que ver con el ejercicio del poder y la organización de la sociedad, y sustancialmente su protagonismo en la lucha.

Es necesario tener en cuenta que la convención no sirve porque las demandas populares de vida digna y una sociedad justa no caben dentro de los estrechos márgenes de la institucionalidad. El entender este hecho y la acción revolucionaria consecuente evitará que una buena porción de estas organizaciones sean un nuevo semillero de legisladores en la cámara baja – como en los demás movimientos – y que, por el contrario, pasen a formar parte de una nueva camada de revolucionarios que se plantee con seriedad el objetivo de derrocar el capitalismo chileno.

Lo dijimos hace un año y lo volvemos a reafirmar: la lucha por una vida digna para el pueblo rebalsa los procesos institucionales hechos para mantener a los mismos en el poder y para poner, nuevamente, un pie sobre el pueblo. Lo denunciamos y hoy seguimos viendo sus consecuencias. Por lo mismo llamamos a los estudiante a salir de la pasividad y comenzar a construir movimiento estudiantil que se constituya como parte del movimiento popular para la lucha, donde el voto no es suficiente y que encasillar nuestra participación a la fila de la urna sólo le dará fuerzas al enemigo. A retomar la lucha en las calles, a involucrarse y levantar organización, a luchar por justicia, dignidad e igualdad. 

A LEVANTAR MOVIMIENTO ESTUDIANTIL POPULAR, NUESTRAS FUERZAS Y ESPERANZAS NO CABEN EN SUS URNAS.

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