Editorial semanal: virtual o presencial, a seguir luchando por una real educación de calidad

“…Nos alegra anunciar que iniciaremos el año académico 2022 de forma completamente presencial”. Así versa el tercer párrafo del comunicado que el rector Ennio Vivaldi hizo llegar a la comunidad universitaria, a través de los medios de comunicación oficiales de la Universidad el lunes de la semana pasada.

Parece ser que no quedó otra después de que el 15 de octubre pasado, el rector de la UC Ignacio Sánchez proyectara un 2022 100% presencial en esa casa de estudios. Y el deja vu se nos presenta cuando durante el año pasado, al comienzo de la crisis sanitaria, la UC presentó su proyecto de ventiladores mecánicos y, días después, la UChile comunica que también tiene un proyecto de ventiladores mecánicos.

Cuando se trata de competitividad entre las Universidades, las cosas se mueven rápido. El rector Vivaldi con un exceso de honestidad termina reconociendo que su propuesta es una acción de márketing empresarial para evitar la fuga de matrícula hacia su competidora más cercana. Sin embargo, cuando se trata de tomar medidas que pongan en el centro de aprendizaje del estudiante, las cosas se mueven lento.

Estos dos años de vacío académico y la nula preocupación de rectoría por el aprendizaje efectivo, nos reafirma el perfil mercantil y neoliberal de nuestro progresista rector, donde lo que importa es el cartón final con su sello de “calidad de la U de Chile” y no el conocimiento, por lo cual se puede prescindir de toda una generación de profesionales, cuando de lo que se trata es producir mentes funcionales y de mediocre preparación para un mercado laboral que no aspira a más que administrar lo existente.

Toda esta situación ya ha generado movilizaciones en varios espacios de la Universidad. Fue el caso de Medicina en Julio-Agosto, Beauchef durante octubre y actualmente Juan Gómez Millas (Sociales y Ciencias), y Derecho, donde hubo paralizaciones y concentraciones en las afueras de las Facultades. Las demandas giraron principalmente en torno a la exigencia de clases presenciales, la realización inmediata de los cursos de laboratorio y la recuperación de los contenidos perdidos durante la situación de pandemia.

Con el anuncio de la subsecretaría de educación superior, que elimina los aforos siempre y cuando un 80% de la comunidad esté vacunada, y el avance que ha habido en las vacunaciones, no tenemos razones para dudar sobre la realización de semestres presenciales en marzo. Sin embargo, si existen motivos para preocuparnos. Podemos mencionar al menos tres: la paupérrima gestión que ha tenido la universidad para abrir gradualmente sus dependencias, el desorden en los protocolos e indicaciones, y la lentitud, y falta de claridad de los “comités COVID” de cada Facultad sobre esta materia.

Otro ejemplo más conciso aun ha sido la modalidad de laboratorios que ha habido en la Facultad de Ciencias o Beauchef, donde los aforos son muy limitados (cerca del 70% del curso no asiste) y la instancia se reduce a una demostración del experimento, es decir, el profesor realizando el laboratorio mientras los estudiantes asistentes observan, cual teatro o video de YouTube.

Un comunicado que solo diga que volveremos a clases presenciales en marzo puede tener varios significados. Por ejemplo, en los hechos puede funcionar de manera híbrida, con un sector del estudiantado en la casa educándose en la misma modalidad que ha demostrado ser un fracaso rotundo. O, por ejemplo, tener solo algunos días a la semana con clases presenciales lo cual significaría inevitable pérdida de contenidos en los cursos.

Si bien es cierto la presencialidad será durante marzo y eso es un avance para la organización estudiantil, debemos tener en cuenta que en las movilizaciones en curso y las que vendrán, hay que exigir a la institucionalidad un plan de retorno a clases ordenado, que garantice 100% de presencialidad, todos los días a la semana y que pueda dar apoyo a todos los estudiantes que tengan problemas para volver.

Por otro lado, debemos exigir una propuesta de recuperación de contenidos clave que fueron perdidos durante la pandemia. Esto no solo debe incluir los cursos y contenidos específicos donde se recuperará, sino como se implementará de manera práctica esta medida.

De esta manera podremos darles una direccionalidad a estas luchas, enmarcarla dentro de la lucha por una real educación de calidad y presionar para evitar que las promesas de la Universidad no vuelvan a desvanecerse en el aire, como la realización de laboratorios, aperturas de espacios o, los míticos ventiladores mecánicos que nunca vieron la luz del día.

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